13 de diciembre de 2008

Los artistas de la memoria (Jeffrey Moore)



La mente humana esconde secretos que aún no nos han sido revelados, pero sus enfermedades o anomalías, aún sin determinar exactamente su origen o tratamiento, han sido conocidas desde siempre. Bajo el estigma del poseso, el endemoniado o incluso el melancólico, se han cobijado enfermedades mentales que sólo desde la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a estudiarse de manera científica.

Si bien la literatura divulgativa al respecto es muy abundante, el tratamiento “literario” no es tan frecuente, y cuando se aborda suele pesar menos el aspecto científico que el “dramático”; parece buscarse más la metáfora que la realidad. Así, el cerebro de don Quijote es sorbido por los libros que lee, de manera que sus actos se explican por esa locura y permiten el libre vuelo de Cervantes. La locura es el medio por el que se permite la crítica a la sociedad de su tiempo, a las novelas de caballerías, etc. Igual ocurre con otras obras como Las aventuras del valeroso soldado Schwejk o El misterio de la cripta embrujada en las que se busca un efecto cómico.

Los artistas de la memoria nace con la intención de superar dicha limitación y unir cierta rigurosidad científica con una trama literaria protagonizada por personajes - digámoslo así- peculiares, sin caer en los tópicos citados. Su argumento puede resumirse de la siguiente manera: Noel Burun trata de socorrer a su madre que comienza a ser consumida por el Alzheimer.

Frente a las crecientes limitaciones de la memoria de su madre, Noel es un joven sinestésico hipemnésico; en otras palabras, une a la incapacidad de olvidar ningún dato o acontecimiento de su vida, la confusión de sus sentidos, en especial, los sonidos se convierten en colores. En definitiva, la imposibilidad del olvidar (y los problemas que ello supone) en pie de guerra contra el olvido, el abandono del mundo y el sentimiento de pertenencia a una familia y a un tiempo.

Noel, pese a sus graves limitaciones sociales, contará con la ayuda de tres amigos no menos peculiares (no en vano, la amistad es la protagonista implícita de toda la novela). Una actriz juvenil de poca monta, Samira, que trata de recuperar su propio rumbo y sentido vital al tiempo que se recupera de un incidente que ha afectado profundamente a su identidad (y que no quedará excesivamente aclarado en el curso de la novela), de la que Noel caerá enamorado, adentrándose por primera vez en su vida en el incierto campo de las relaciones amorosas, las insinuaciones y requiebros, la comunicación de los sentimientos y todos esos pequeños secretos que al resto del mundo parecen haberles sido confiados, pero que al pobre Noel le resultan totalmente incomprensibles.

Pero en su tarea de atraer la atención de Samira competirá con un consumado seductor, Norval, quien parece concentrar todo el cinismo y hedonismo del que carece Noel, una incapacidad de enamorarse de cualquiera que no sea el mismo pero, al tiempo, un afán desmedido por conquistar mujeres en un loco proyecto alfabético que le financia una Universidad. Norval, como contrapeso de Noel, aportará una perspectiva más realista y, de todos lo personajes de la novela, parece ser el menos plano y previsible. A lo largo de las páginas llegaremos a conocer incluso su otra cara.

El último "colaborador" de Noel será JJ, un adulto que no ha llegado a serlo realmente. Su grave inmadurez (a veces simple infantilismo), su hiperactividad y el afán por desbrozar los problemas y no descartar ninguna alternativa, por más disparatada que parezca, será la mayor y mejor ayuda de Noel en la búsqueda de un remedio eficaz contra el Alzheimer de su madre.

Stella Burun, pese a ser el personaje sobre el que confluyen los citados anteriormente, apenas tiene un papel relevante debido a su enfermedad. Ocasionalmente Moore le dará voz a través del diario que, una vez diagnosticada la enfermedad, comienza a escribir con el fin de retrasar sus efectos y aferrarse a los recuerdos y a lo vivido.

Finalmente, tenemos a Vorta, el neuropsicólogo que trata a todos los personajes del libro y que sobrevuela la trama prologando la novela y añadiendo una generosa colección de notas al final de la novela, precisando detalles científicos (y ocasionalmente matizando las referencias del manuscrito a su persona).

Simulando una técnica desconstructivista, Jeffrey Moore combina a lo largo de la novela diferentes puntos de vista gracias al recurso de incluir fragmentos de los diarios de los protagonistas, artículos periodísticos o anuncios. Así, de un mismo suceso podemos tener varias perspectivas que enriquecen y matizan la lectura. Este efecto se acentúa se va avanzando en la novela dado que los personajes establecen relaciones entre ellos, de manera muy especial Noel y Samira. Asistimos al enamoramiento del primero mientras se nos permite ver los pensamientos reales de Samira y cómo varía su actitud hacia el primero.

El lector pronto quedará atrapado por la historia que se le ofrece y por los personajes, encerrados en sus propias limitaciones, tratando de liberarse de ellas para lo que sólo contarán con la ayuda del resto de protagonistas Los diferentes estilos empleados aumentan el atractivo e incluso algunos momentos resultan realmente brillantes (especialmente determinados fragmentos del diario de Stella son conmovedores y de una tremenda fuerza dramática).

Sin embargo, en algún punto, la novela comienza a parecer perder impulso. Los personajes -con la excepción de Norval- no terminan de presentar matices, pareciendo más bien caricaturas a medio dibujar. Algunas historias quedan inconclusas y otras se diluyen sin dejar rastro, no justificando su presencia. El final parece excesivamente precipitado (bastante inverosímil también) y breve, en comparación con la extensión del libro (y la tranquilidad con la que se van presentando los temas y los personajes en los primeros capítulos).

El balance debe ser positivo puesto que en las páginas de Los artistas de la memoria se esconde un gran argumento, unos personajes realmente interesante; referencias a famosos literatos sinestésicos (Byron, Baudelaire, Rimbaud); información científica relevante sobre trastornos neurológicos y, sobre un todo, un gran talento narrativo que quizá no haya sabido (o querido) dibujar unos personajes de manera más realista y que no ha medido adecuadamente la estructura de la novela.

Los artistas de la memoria ha ganado el premio de la Asociación de Autores Canadienses de 2005 y el Daily Telegraph seleccionó la obra como el mejor libro del año por lo que uno también puede estar equivocado.

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