30 de diciembre de 2008

Bienvenidos al planeta Mod (Marcos Ruano)



¿Qué es ser Mod? Para la mayoría, esa palabra les traerá a la memoria las peleas entre mods y rockers en la España de los años ochenta; algunos más avispados relacionarán esas peleas con otras que hubo años atrás (¿en los 70 quizá?) en las playas inglesas. Otros serán capaces de distinguir algunos elementos de la vestimenta y estética de esta "tribu urbana" (tal vez recuerden la foto de un mod con un texto explicativo junto a la foto de un grunge o un punkie en el dominical de cualquier periódico). Otros pocos identificarán lo Mod con símbolos más concretos, como la diana de la RAF, las flechas, las scooters o vespas; finalmente, los menos, podrán enumerar al menos dos grupos mod (The Who y The Jam) aunque la mayoría se conformará con la vaga idea de que lo Mod es una especie de pasión por los años sesenta (así, en general) de algunos chicos jóvenes que añoran lo que no vivieron.

Para cubrir este vacío de información nace Bienvenidos al planeta Mod en el que Marcos Ruano, en un esfuerzo sin precedentes en la bibliografía española (superando definitivamente al, por otra parte estupendo y recientemente reeditado, I got my mojo working). Pero este libro, se entiende bien una vez leído, nace también (o quizá como primer impulso) de la necesidad de su autor por reflexionar sobre qué es ser Mod en nuestros días, cuál es elemento esencial que lo define, que le define a él, y que debe ser algo más que una apariencia estética fácilmente manipulable por los medios de comunicación e inmediatamente imitada por quienes no pueden ser considerados Mod auténticos.

En ese intento por formular una definición precisa e inmutable, Marcos Ruano hace remontar los orígenes del movimiento a los años 50, donde los Modernistas se conformaron como un grupo interesado por aquello que venía del Continente y que asociaban a un modo de vida (no sólo a una estética) alejado de la pobreza y uniformidad británica de la posguerra. Las motos, los cortes de los trajes y del pelo, las camisas italianas, determinados zapatos, el café frente al té, poses aprendidas de actores franceses o cigarrillos continentales, junto a la literatura existencialista o los poetas Beat. Todo ello forma un combinado del que se puede destilar una esencia que Ruano define como el intento por vivir la vida de manera consciente, disfrutando de pequeñas cosas que marcan una diferencia con los otros (esa obsesión por la diferenciación, por marcar una frontera entre el nosotros -mejor aún, entre el yo- y los otros), tal y como cantaban Los Negativos refiriéndose a "esas pequeñas cosas que nos dan la felicidad".

En este primer estadio, la individualidad es la clave ya que el movimiento es underground, no hay prácticamente medios que reflejen esta corriente. Sólo una búsqueda personal de la diferencia, del detalle, de la elegancia, sirven como motor para difundir lo Mod. En pequeños clubes puedes ver a otros como tú, copiarás de ellos lo que te guste y ellos harán lo propio, en un avance que nace del individuo y llega al grupo. Y la música pronto sustituye a Sartre y el Jazz de Parker o Monk se relegan al olvido en favor del Rhythm&Blues o el Early Soul previo a la explosión que supusieron sellos como Stax o la Tamla.

La música será el elemento de cohesión de esta tendencia, el gusto por el sonido americano (contradicción con la adoración por todo lo que venía del continente) lleva al nacimiento de muchos grupos musicales que tratan de capturar este sonido efervescente y que pueblan los muchos clubes que surgen, principalmente en Londres, y en los que se agolpan estos Mod (muchos de ellos recién unidos al movimiento y, por tanto, alejados de las características descritas anteriormente) cuyo principal objeto es sentir –y hacer sentir la diferencia- frente a una sociedad estrecha, forjar una identidad de grupo que de cobertura a las ganas de diversión y de rebeldía, sin por ello convertirse en auténticos revolucionarios.

Y así es como se va creando un "mercado" Mod, tanto de ropa y complementos, como de música. Jóvenes con ciertas posibilidades económicas (los Mod suelen tener trabajos mejor pagados, en el sector servicios, y se lo gastan todo tratando de colmar esa necesidad de ir un paso por delante del resto). Las tiendas de moda comienzan a abarrotar Carnaby Street y los manager más espabilados tratan de encontrar un grupo que canalice (y rentabilice) esta marea.

Al tiempo, los medios de comunicación se hacen eco del nuevo estilo, lo que supone para muchos, su certificado de defunción, justo cuando el movimiento gana su reconocimiento. La prensa ofrece una imagen estereotipada y uniforme de unos jóvenes amigos de violentas confrontaciones playeras con otro grupo juvenil, los Rockers. Desde ese momento, la atención de la "cultura oficial" lleva al vaciado del sentido de los símbolos Mod. Ya no se busca deslumbrar con un peinado propio y Moderno, al contrario, muchos jóvenes buscan la réplica del cliché, parecerse lo más posible al Modelo difundido por los medios. Muchos se denominarán Mod por llevar una parka y varios parches y cantar My generation (hoy ocurre algo parecido).

Marcos Ruano señala este momento como el de la muerte de la Escena. Y, efectivamente, los símbolos popularizados por el mundo empresarial pierden su razón de ser. No hay más que ver cómo actualmente se pueden comprar camisetas de marca con la estrella roja soviética, la imagen de Mao o que la camiseta de los Ramones la compran personas que, o no conocen ni siquiera que se trata de un grupo musical o que creen que eran españoles ... ¡¡¡verídico!!!.

La manipulación del movimiento fuerza el rechazo por los auténticos Mod que deben retirarse a los cuarteles de invierno. Para entonces, grupos como The Who, Small Faces o los Yardbirds gozan de reconocido prestigio, más allá de un público genuinamente Mod. Este éxito comercial (representado por la popularidad del Ready, Steady, Go! nacido en 1963) supone de una parte, el rechazo de los más puristas que ven amenazada su exclusividad y, de otra, la llegada de nuevos adeptos que adoptan la visión estandarizada y vacía de la Escena.

Cuando a finales de 1966 y 1967 la música evoluciona hacia la Psicodelia, se pierden los elementos más definitorios de la música Mod, su energía, su sonido de guitarras, sus letras rebeldes. Pero queda una llama, lejos de Londres, en el Norte de Inglaterra. Alejados de las tiendas hippies, muchos jóvenes se reúnen en pequeños clubes y salas de baile para escuchar y moverse al ritmo de viejos discos de Soul americanos que ni siquiera llegaron a ser un éxito en Estados Unidos y que, con cuentagotas, llegan años después a Inglaterra traídos por soldados americanos de servicio en las Islas.

Esta música, basada en discos, no en grupos que actuaran en directo y publicasen nuevos discos, favoreció una obsesión por el coleccionismo. La clave era localizar y comprar esos pequeños singles viejos, lo más desconocidos y oscuros que fuera posible. Este extraño movimiento no fue trivializado por los medios ya que se encontraban lejos de los focos londinenses y se veía como algo más bien antiguo y sin posibilidades de comercialización (no se podían grabar discos con ese estilo, los Northern boys sólo admitían originales). Si bien, el Northern Soul mantuvo la llama del Soul, del baile y de la diversión, los presupuestos estéticos se adaptaron a la nueva necesidad, los gustos musicales se anquilosaron y se perdieron muchos aspectos de la Cultura Mod, reduciéndose al tiempo la ambición del movimiento como tributo y precio a pagar por dejar una pequeña llama que perduró hasta la siguiente oleada (el Revival Mod) y que fue un antecedente claro de la cultura del Club de Baile que se desarrollaría en los 70 y 80 pasando a otros estilos (Modern Jazz, Acid Jazz, House, etc).

A finales de los 70, grupos como los Jam (principal aglutinador del resurgimiento Mod) y la popularidad de la película Quadrophenia llevan a un renacer del movimiento. Sin embargo, Marcos Ruano no se engaña. Estos nuevos Mod no buscaban, en la mayoría de los casos, otra cosa que la imitación más o menos precisa de los modelos previos. Su música, salvo contadas excepciones, no era demasiado buena y, en muchos casos, se trataba de grupos que buscaban la estética Mod como pura estrategia comercial. Es precisamente esta oleada algo alicaída y plastificada la que llega a España en los años 80, aprovechando el cambio político, social y económico, encontrando en la Movida madrileña su mejor caldo de cultivo.

Faltos de referente previo (Ruano se moja al negar la existencia de una Escena Mod en la España de los sesenta), los Mod españoles adoptan los clichés más simples como estandarte de su rebelión (se reproducen con fatales consecuencias las peleas entre Mods y Rockers). Los grupos de referencia no son puramente Mod pero tampoco los Mod españoles son demasiado agradecidos con sus grupos, rechazando cualquier atisbo comercial y consolidando la idea de que la Escena española viene definida por un gran inmovilismo.

Por ello, Marcos Ruano se toma una gran molestia en el último capítulo de su libro para tratar de definir qué es para él ser Mod hoy en día, más allá de la parafernalia de dianas y Fred Perry. Concluye así afirmando que, junto con una estética ("elegantes y limpios bajo circunstancias difíciles"), el Modernismo se define por la fidelidad a uno mismo, a la búsqueda continua del propio camino, a cierta rebeldía contra lo establecido, mejor aún, contra lo que nos es impuesto.

Definido en estos términos tan ambiguos, Mod podría ser casi cualquiera y muchos que se consideran Mod, apegados a una estética pasada y manida por los medios, quedan fuera de la misma. Y creo que, como por otro parte tampoco esconde Bienvenidos al planeta Mod, el gran problema de este movimiento es que sus raíces son totalmente individualistas y en su éxito radica su propia muerte. La búsqueda debe ser individual y posteriormente compartido en pequeños círculos. La exclusividad y la diferencia no se compadecen con la generalización de una moda o un estilo excesivamente definido. La búsqueda y el cultivo de un gusto propio, el tomar las riendas de tu propia vida y el sentimiento de diferencia (no necesariamente de superioridad) definen claramente lo que Ruano considera ser Mod hoy en día y, seguramente, razón no le falte.

Autopublicado (se puede comprar aquí), Bienvenidos al planeta Mod tiene la ventaja de contar la historia desde dentro del movimiento, lo que le aporta sinceridad y frescura, pero en ocasiones puede ser un inconveniente ya que no le impide caer en contradicciones internas: la visión del movimiento Mod en España es bastante más crítica que la de su homólogo británico, se critica el inmovilismo al tiempo que se pone en solfa a quienes traicionan los ideales Mod; no se admite que otros definan las reglas de qué se debe escuchar y cómo se debe vestir, pero en otro nivel se actúa de manera similar. En fin, quizá la esencia del movimiento Mod sea ésa (o debiera ser), un géiser en el que borbotean ideas, algunas saltan disparadas en cualquier dirección, otras se cuecen sin saltar de la marmita y mueren sólo conocidas y compartidas por unos pocos. Esa ebullición (Explosión juvenil cantaban los Brighton 64) explica la periódica vuelta del estilo y la música Mod, respete totalmente o no las raíces y justifica la vigencia de ciertos ideales y el atractivo que, aunque sea superficialmente, representa para muchos jóvenes la música y la cultura Mod.

Finalmente, destacar que el libro merece una segunda edición de la que se supriman las numerosas reiteraciones que, en ocasiones dan la impresión de responder a un inicial planteamiento de los capítulos como artículos independientes, corrija errores dolorosos (Los tiempos están cambiando no es del año 65). También sería un placer ver más referencias a la literatura relacionada con la materia y aumentar los capítulos dedicados a la música (un mayor espacio para cada grupo y ampliar la información a los grupos y solistas de Soul y Rhythm&Blues que influyeron en los grupos británicos). Con un mayor esfuerzo se podría incluir un capítulo que haga referencia a la recepción del movimiento Mod en otros países, lo que permitiría una comparación con lo acontecido en España y apreciar así las diferencias. Pero en fin, a la espera de este sueño, Bienvenidos al planeta Mod cumple con las mayores expectativas.


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