11 de enero de 2015

Por Amor al Arte (Generación Bibliocafé)





La Generación Bibliocafé ha alcanzado su mayoría de edad con la presentación de Por Amor al Arte, colección de 28 relatos escritos en torno a los museos, las obras de arte que cobijan o los espectadores que les dan vida.

Esta madurez salta a la vista gracias a la maravillosa obra de arte que Horacio Silva ha preparado para la cubierta. Un corazón envuelto en rojos para la portada y en verdes esmeralda para la contraportada. No podría haber mejor homenaje al tema de este libro que el llegar envuelto de arte original y de gran calidad.

Para la ocasión, se ha optado por las dos ediciones habituales hasta la fecha (formato electrónico a través de Amazon y versión en papel con tapa blanda distribuida en varias librerías de Valencia) y se ha sumado una edición en rústica que hace auténticos honores a la portada de Horacio Silva y que acomoda mejor las más de 300 páginas de este volumen.

También para esta ocasión se ha llevado a cabo una presentación pública con mayor proyección y en un marco perfectamente adecuado al contenido de la obra: el Museo Centro del Carmen.

Pero pasemos ya a lo que verdaderamente nos ocupa, que no es otra cosa que los relatos en torno al arte. Como es habitual y previsible, de un número tan amplio de autores resulta una variedad de enfoques y estilos que enriquecen al conjunto.

Aunque el arte puede tener casi tanta antigüedad como nuestra especie (basta leer los manuales de Historia del Arte), lo cierto es que los nombres de los grandes artistas no nos llegan hasta muy avanzada la Historia. La transición del artesano al artista supone un proceso largo y complejo, con altibajos, que queda espléndidamente reflejado en el relato de Josep Asensi.

El artista tiene su propia mitología, entre musas e inspiración acierta a encontrar la fuente de su creatividad y a perderla a cada poco. De esta lucha nos habla Elena Casero.


Pero aunque los artistas puedan agostarse y perder su originalidad creativa, el Arte como tal siempre se revitaliza con movimientos de vanguardia que sacuden la escena hasta asentarse y precisar de nuevos estímulos. La importancia de la forma es vital en estos -ismos y José Luis Sandín nos ofrece una muestra genial de cómo transmitir en pocas líneas todo un mundo de sentimientos que impresiona.

El arte goza de admiradores en todas partes y para ello surgen los museos, grandes colecciones que atesoran las mejores creaciones del mundo. En ellas se reúnen los amantes del arte, como en el relato de Inmaculada López, o en ellos se inicia una relación amorosa que encuentra su punto de equilibrio en el amor por la cocina (otro arte al que la Generación Bibliocafé rindió cumplido tributo) como en el relato de Alina Especies.

Los museos nos sirven también como estímulo a la creatividad o como bálsamo para el alma, como nos cuenta Alicia Muñoz.

Esos museos suelen ocupar antiguos palacios o iglesias, espacios a la altura de su contenido. Algunos de ellos son evocadores por sí mismos de más sentimientos y goces que las obras que lo forman, como es el caso del Museo del Romanticismo a cuyos fantasmas nos presenta Antonio Briones. Pero el Arte en ocasiones se esconde en pequeños museos que antes fueron fábricas de ladrillos, como en el caso del Museu de la Rajolería que nos presenta Benjamín Blanch en el que un joven y un anciano cierran el círculo del edificio y los fines que lo mantienen vivo.

Otro ejemplo es el Museo Centro del Carmen, en otros tiempos monasterio,  en el que tiene lugar el relato del editor Mauro Guillén (¿sabía mientras lo escribía que en ese museo tendría lugar la presentación?).

Pero los museos, albergando sus valiosísimas obras, no solo son objeto de admiración sino  de deseo por parte de ladrones, falsificadores o simples nuevos ricos que quieren adornar sus salones con obras maestras, no meras copias. Todo ello se refleja en los relatos de Fuensanta Niñirola o Dolores García.

Más inquietante es el mundo del que nos habla José Luis Rodríguez-Núñez en el que el coleccionismo y el crimen de guerra posan unidos. También Rafa Sastre nos da cuenta del valor de las obras de arte y su curioso y paradójico destino.


El Arte también atrae a excéntricos de todo tipo. María Tordera nos relata el espantoso final de un club e aficionados a escenificar los cuadros más famosos del Museo del Prado.

Es indudable que la idea de Belleza está íntimamente unida a la del Arte y que aquélla es una de las principales metas de toda obra. Belleza y sensualidad tienen fronteras difusas, de ahí que el erotismo haya sido tan frecuente en la pintura y escultura,  cuando estaba vedado en otros campos. De esta fuerza nos hablan Sergio Barce e Isabel Muñoz. 

Pero los autores no se contentan con planteamientos tradicionales del Arte. En su futurista relato, Javier Lacomba nos lleva a un tiempo en el que se debatirá sobre la utilidad del Arte y, por tanto, la conveniencia de su supresión definitiva en nombre de la racionalidad.

Y es que el Arte supone un exponente máximo de la especie humana, al igual que los más sorprendentes avances científicos. Pero lo que cada uno entiende por Arte puede variar y no debemos ceñirnos solo a lo que puede albergar un museo. Víctor San Juan nos propone una obra de ingeniería naval tallada en madera yacente en el  Océano como inmejorable ubicación. Mario Reyes por su parte nos habla de un cuadro cuyo valor parte de su ubicación en la Sala de Fumadores del Titanic antes que en su propia valía artística.

Los aficionados al arte son gente normal, si bien, como en todas partes, hay obsesivos, paranoicos o, simplemente, gentes que quedan absorbidos por una obra más allá de lo razonable. Isabel Barceló y Franz Kelle nos hablan de ello con magníficos ejemplos.

¿Por qué admiramos un cuadro o una escultura?¿Qué es lo que nos atrae de esas imágenes congeladas en un óleo o atrapadas en los pliegues del mármol? Probablemente sea la capacidad de despertar nuestra imaginación, de poder fabular sobre lo que para cada uno representa. Así, esa portentosa facultad evocadora del Arte se refleja en la bellísima historia de Susi Bonilla imaginando la historia detrás de la muchacha en la ventana de Dalí.


En la misma línea Herminia Luque e Isabel Peral escriben sobre el Arte desde la ficción que lo alienta.

Igual ocurre con el relato de Felicidad Batista sobre un lienzo de Hopper en el que la protagonista quedará cautivada al ver la representación de un entreacto en un teatro marcando su vida y la de sus amantes.

Y si de Hopper hablamos, no quedará más remedio que referirme a mi colaboración para este volumen en la forma del relato Visiones de Hopper en el que se desvela la historia que puede haber tras su cuadro Habitación de Hotel. Y nada mejor para poner de manifiesto esa libertad para imaginar que nos brindan las grandes obras que leer Óleo sobre lienzo, el relato que sobre el mismo cuadro ha escrito Rosa Pastor y que en poco o nada coincide con el mío salvo el punto de partida.

Para cerrar este repaso a los relatos contenidos en Por Amor al Arte, he dejado (al igual que ha hecho el editor) el escrito por la benjamín del grupo (me refiero tan solo a edad, no a mérito literario). Anna Asensi, continuadora de la saga familiar, en su aproximación impresionante al mundo impresionista del París de finales del siglo XIX.

Poco más queda por decir y mucho por leer, que no sea por falta de autores en busca de lectores. 







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