27 de diciembre de 2006

Llámame Brooklyn (Eduardo Lago)


Una vida se puede descomponer en diferentes vidas en función de la perspectiva del narrador. Así, no somos ni lo que creemos ser ni lo que los demás ven en nosotros. Esta disyuntiva nos lleva a preguntaros quiénes somos realmente, siendo ésta cuestión una de las justificaciones de muchas de las mñás famosas obras de la Literatura Universal.

Para responder a la pregunta de quiénes somos, de quién son los personajes sobre los que escribimos, qué hay de verdad en ellos, se han escrito obras como El cuarteto de Alejandría o Llámame Brooklyn. Renuncian a una única visión lineal desarrollando un argumento de manera fragmentaria y desde diversos puntos de vista. De este modo el narrador omniscente da paso a numerosos narradores, con visiones contrapuestas en ocasiones, complementarias en todas, pasando a ser el lector el gran protagonista. El lector es la Mente consciente que agltina la información dispersa y obtiene la visión más completa posible a la vista de lo narrado. Él es el que da forma a lo oído, en función del crédito que le merece la versión de cada narrador, en función de sus propias inclinaciones y deseos.

Eduardo Lago escribe una obra que cuenta el proceso de creación de otra obra en la que un periodista reconstruye la vida de un personaje singular al que apenas ha podido conocer en sus últimos años. Este personaje mítico dió comienzo a una obra, resmen de su vida, que sabe que no será capaz de concluir requiriendo así de la colaboración de un tercero para completar su proyecto.

Néstor, que es el nombre del periodista, deberá tomar los fragmentos ya escritos por Ackerman y confrontarlos con los recuerdos propios, con la información de conocidos o con cartas dispersas. de todo ello resulta finalmente la obra que Ackerman quiso escribir pero no fue capaz de hacer.

La estructura de la novela es, como no podía ser de otra manera, caleidoscópica: alterna el espacio temporal y espacial (la Guerra Civil española, la España de la Dictadura, los Estados Unidos de los tiempos de la Guerra Fría, el Brooklyn moderno, y el Brooklyn de los años cincuenta) con diferentes voces narrativas (Néstor, Ackerman), fragmentos de cartas, etc, y todo ello salpicado de historias y personajes dignos de recuerdo (como el negro ciego capaz de recitar la Biblia a partir de cualquiera de sus versículos o la historia del desertor danés que lo dejó todo por una mujer que le dejño a él varado en tierra, sin un pasado al que retornar y sin la promesa de un futuro.

La riqueza de ambientes y estilos palidece ante la fuerza de alguno de los personajes. Alguno de ellos, como Nadia, musa de Ackerman cuya presencia flota por toda la obra dejando un halo misterioso, sólo aparece en boca de otros personajes, no llegando nunca a alcanzar una presencia física tangible. El personaje de Ackerman resulta inmensamente atrayente, sus orígenes sorprendentes, su lucha por encontrar un vínculo con su pasado o su pasión por Nadia.

La obra se lee con facilidad pese a tener una mayor complejidad que la mayoría de las obras al uso. Lago consigue aunar sencillez y calidad alejando e lsimplimismo y optando siempre por las vías menos previsibles en el desarrollo argumental. Un desafío para cualquier lector adocenado por las listas de éxitos.
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