16 de diciembre de 2006

Bartleby y compañía (Enrique Vila-Matas)


Vila-Matas escribe esta historia de "notas a pie de página de un texto inexistente" con la intención de analizar la Literatura del No, esto es, la de aquellos que frente a la copiosidad han preferido el silencio abandonando la escritura o no ejercerla nunca.

El título del libro se toma prestado de la figura del personaje de Melville, precursor de todos los partidarios del No. El protagonista de Bartleby y compañía es también un oficinista obsesionado por esta temática del No, que decide ausentarse de su trabajo con el fin de completar sus notas.

Esta postura del No ofrece diversas tipologías, casi tan variadas como los integrantes de este nutrido club, que pasan desde los escritores que deciden dejar de serlo, a quienes nunca publicaron por decisión propio sin olvidar a los que enaltecen el silencio (lo practiquen o no).

La lista de autores que pueblan estas notas es muy variada y, por una u otra razón, muchos nombre pueden resultar sorprendentes. Por ejemplo, Juan Ramón Jiménez que decidió abandonar la escritura tras la muerte de su compañera, Oscar Wilde que tras su salida del penal de Reading y su exilio en Francia prefirió darse al alcohol que a la Literatura y otros muchos que resultarán familiares al lector. Junto a ellos aparecen clásicos del "ocultismo" como Pynchon y Salinger, Rimbaud o Rulfo.

Cabe objetar que Vila-Matas ha obviado a grandes artistas del No. Así, en la obra se menciona continuamente a Kafka, pero Max Brod es uno de los principales exponentes de la Literatura del No. Pese a que gozó de reconocimiento y prestigio literario en la Praga de comienzos del siglo XX, al convertirse en albacea de la obra de Kafka (y desobedeciendo las claras y precisas instrucciones de éste), pasó a renunciar a su propia obra asumiendo la de su compañero. En efecto, Max Brod se encargó de la publicación de las obras, completas o inacabadas de Kafka, de gran parte de su correspondencia, notas, diarios, etc. Fue su primer editor e intérprete, logrando atraer la atención mundial sobre su obra, si bien, su labor se ha visto criticada con posterioridad por dar un excesivo peso al judaísmo o a la culpa en los escritos de Kafka. Actualmente su celebridad en la Literatura se debe a dicho papel de albacea traidor que al de su propia obra.

Otra ausencia fundamental es la figura del Lector. No hay mayor fanático de la Literatura del No que el lector empedernido (precisamente el que más disfrutará de este libro) dado que renuncia a su propia visión del mundo, a la recreación y a una interpretación personal de la realidad, en favor de la visión ajena.

El libro, organizado al modo de notas a pie de página, carece de comienzo o final propiamente dicho. Sin embargo, como el mismo autor señala, también todo libro debe tener un punto y final, un silencio, las ausencias no son sino una muestra de que la escritura del No triunfa aún entre la letra impresa.

El lector curioso encontrará diferentes anécdotas, referencias, sugerencias y estímulos para continuar la investigación por su propia cuenta.

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