En 1908, Maurice Leblanc publicó el segundo título en el que recopilaba historias de su ladrón y mago del disfraz, Arsenio Lupin. El volumen, titulado Lupin contra Herlock Sholmes, continuaba de alguna forma la senda abierta por el último relato de la colección anterior, en el que aparecía por primera vez esta lucha de egos entre el elegante e inteligente ladrón francés y el astuto pero algo tosco detective británico. Herlock Sholmes es el nombre bajo el que Leblanc se refería al famoso personaje de Conan Doyle y cuyo nombre alteró por motivos de derechos legales de un modo tan simple como desafiante, para desesperación de los abogados del escritor británico.
En este caso, el libro se circunscribe a la lucha entre estos dos portentos del ingenio. Recordemos que Lupin es un mago del disfraz, un ingenioso ladrón, simpático, elegante, caballeroso, que le gusta robar muebles antiguos, joyas con valor artístico, nunca dinero vulgar. Le gusta el buen comer y el buen beber, es generoso en sus propinas y en el pago de sus servicios, es digno de confianza, se presume que buen amante y mejor amigo de sus amigos.
Por el contrario, Herlock Sholmes se muestra algo taciturno, con escaso don de gentes a pesar de su inteligencia. Apenas se interesa por Wilson (el trasunto de Watson), tiene modales algo secos, por no decir groseros, y escaso gusto en los placeres de la vida. En suma, una presentación tópica y cariñosa que Leblanc creía asumible para sus lectores franceses, aunque explica parcialmente el poco éxito que sus libros hallaron en las islas vecinas. Como en el caso del primer volumen, el ingenio del francés aparece como símbolo de las virtudes nacionales y, por tanto, la lucha de ingenios se revela también como la de dos modos de entender la vida, el empirismo práctico inglés y la galantería pícara y mediterránea del francés. Y, sin embargo, esta tensión es llevada a buen puerto sin que resulte tan explícita que moleste a un lector ajeno a ambos egos nacionales.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los diversos capítulos del libro realmente responden a dos historias separadas. En el primer caso (Arsène Lupin contra Herlock Sholmes, 1906–1907), la narración se subdivide en varias intrigas que mantienen al lector atrapado durante seis capítulos que están enlazados en una historia mayor que narra pequeños enfrentamientos entre ambos personajes relacionados con una misma trama. En el segundo (La lámpara judía, 1907), el argumento se concentra en un misterio resuelto en dos episodios. Por tanto, estamos ante solo dos historias propiamente dichas y no ante relatos separados, lo que diferencia este libro de muchos de los volúmenes de Conan Doyle donde cada aventura puede ser leída de manera independiente.
Resulta interesante comprobar cómo, a diferencia de Conan Doyle, Leblanc apuesta por relatos de más largo aliento, con tramas que se expanden durante capítulos y que permiten al lector seguir un juego de persecuciones, trampas y disfraces que encajan mejor con la teatralidad de Lupin. En este sentido, el libro funciona más como una novela corta dividida en episodios que como una mera colección de relatos.
Como es de esperar, Arsenio Lupin sale victorioso en ambas historias, dejando a Herlock Sholmes algo mal parado, aunque no hasta el punto del ridículo, puesto que para que las hazañas propias sean dignas de alabanza, los enemigos han de estar a la altura. Así, abundan los momentos en que el detective parece estar a punto de desentrañar los misterios con que le envuelve el ladrón, pero este siempre termina por dar una vuelta de tuerca, anticipando los planes metódicos y deductivos del inglés.
Hoy, la crítica ve en este volumen no solo una curiosidad literaria, sino un momento clave en la evolución de la novela popular europea. Supuso la fusión de dos tradiciones, la del folletín francés y la del relato detectivesco inglés, en una obra que, sin dejar de ser puro entretenimiento, revela hasta qué punto la literatura popular puede identificarse con la identidad cultural de un país.
En este viaje por los relatos completos de Lupin, desconozco aún si Herlock Sholmes volverá a aparecer en estas historias o cómo mantendrá Leblanc el interés del lector si renuncia a esa lucha de egos en la que el papel del detective francés que también persigue a Lupin, Ganimard, no tiene el mismo atractivo, o cómo resolverá su gusto por enlazar las historias para que su personaje disfrute de una continuidad que le permita una mayor complejidad. Iremos viendo.
Arsenio Lupín, caballero ladrón (Maurice Lebanc)
Cuentos completos del Padre Brown (G. K. Chesterton)


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